Habitantes de Ciudad Juárez sobreviven vendiendo plasma sanguíneo a Estados Unidos
Desde hace nueve meses Amanda vive de la venta de su plasma sanguíneo. Dos veces por semana, esta mujer de 32 años cruza la frontera desde Ciudad Juárez y ofrece legalmente su plasma en una clínica de la vecina El Paso, en Estados Unidos.
“No quiero hacerlo, pero me obliga la necesidad”, relató a la agencia dpa. La falta de un trabajo la obligó a buscar ingresos para alimentar a sus cuatro hijos.
“El único que sabe lo que hago es el mayor de mis hijos (de 15 años) y me dice que es peligroso para mi salud. Yo pienso lo mismo, además me da vergüenza vender algo de mi cuerpo, siento como si estuviera haciendo algo malo. Hay veces que me deprimo, pero una vez que tenga trabajo, dejaré esto”.
En Ciudad Juárez, una de las ciudades más violentas de México, muchas personas han perdido el empleo en los últimos años en medio de la inseguridad y la crisis económica.
Amanda no es la única que vende plasma, la parte líquida de la sangre que contiene anticuerpos y otras proteínas y sirve para transfusiones, como anticoagulante y en la industria farmacéutica.
Estudiantes de Ciudad Juárez, enfermeras e incluso adultos mayores de 60 años, cruzan diariamente los puentes internacionales con el propósito de ofertar el fluido en centros de plasma de Estados Unidos.
El pago no es mucho: veinte dólares (unos 250 pesos mexicanos) pese a que algunas personas donan mayor cantidad de plasma que otras, por depender del peso corporal de cada uno.
“Con el paso del tiempo te aumentan el pago hasta llegar a 45 dólares, por eso la gente viene. Se les hace costumbre o simplemente lo vemos como una ayuda para pagar escuelas o recibos”, dice Amanda.
Los diarios locales de la frontera publican en sus páginas de avisos clasificados anuncios de centros de plasma que solicitan donadores a cambio de efectivo.
Sin embargo, Amanda no acudió por ver un anuncio. Su ex pareja sentimental y padre de sus hijos la llevó hasta la clínica.
“Él vendía plasma, fue el primero que lo hizo porque tampoco tenía trabajo. Al ver que no me daba para la manutención de los niños le dije que me llevara”, menciona.
Aunque solamente cruza la frontera, la mujer emprende un viaje de hasta nueve horas entre que sale y regresa a su casa en México. El procedimiento en el hospital le lleva unas dos horas.
En los puestos fronterizos entre Ciudad Juárez y El Paso a diario se pueden observar largas filas de jóvenes que acuden a las escuelas de Estados Unidos, personas van de compras o que trabajan en ese país.
Héctor Puertas Rincones, titular de la Jurisdicción Sanitaria de Ciudad Juárez, menciona que el problema se agrava porque la ciudad se está quedando sin donadores, ya que los habitantes de Juárez prefieren ofertar el fluido en Estados Unidos, en vez de regalarlo en su país.
“Como allá sí les pagan, la gente se va a vender plasma y aquí nos quedamos sin donadores, estamos perdiendo gente”, dijo a dpa.
Aproximadamente el 40 por ciento de los donadores de plasma en El Paso, Texas, son mexicanos. A la semana acuden hasta 1.500 personas a vender el fluido.
Sin embargo, no todos pueden vender. “Tengo que estar sana. Me revisan los brazos para ver si no tengo marcas por usar drogas, además tengo que alimentarme bien antes de ir, porque de otra manera no puedo donar”, menciona Amanda.
Como ella no cuenta con recursos más que lo que gana por vender plasma, no puede alimentarse sanamente. “Lo que hago es tratar de tomar mucha agua y comer frijoles, es lo único que puedo hacer, y hasta el momento no me han regresado, siempre he podido donar”.
De acuerdo con Puertas Rincones, quienes venden plasma se arriesgan a contraer alguna enfermedad en la médula ósea, en el vaso sanguíneo o simplemente se exponen a contraer alguna infección durante la transfusión.
“Sobre todo la gente que se excede en la venta, y me refiero a las personas que van varias veces durante el año a vender el fluido”.
fuente: DPA
