23 diciembre 2011

Si Estados Unidos se lanza contra la CELAC, podría perderse el Oscar

La creación de CELAC en Caracas, Venezuela en los primeros días de diciembre, se ha convertido para América Latina en un acontecimiento de carácter histórico y casi seguro tendrá en un futuro relevancia mundial, pero su camino será largo y lleno de obstáculos entre los que se encuentran los intervencionistas.

por David Urra / Contrainjerencia 

Para nadie es un secreto que EE.UU y demás miembros del “Eje de la Guerra” están enfrascados en una campaña desesperada por la hegemonía mundial, conocedores que la crisis que se les viene encima no podrá ser resuelta con los actuales mecanismos de las relaciones internacionales, surgidos después de la Segunda Guerra Mundial y manejados durante más de 60 años por las potencias vencedoras del conflicto bélico.

Después de la desaparición del campo socialista y de la URSS en particular, como contrapeso en la arena internacional, EE.UU se percató de que no solo la URSS quebró como consecuencia de la carrera armamentista, sino y también ellos estaban a punto de estallar como resultado de su política derrochadora, que les permitió durante un tiempo vivir por encima de sus posibilidades y dar una falsa imagen de bienestar y solvencia que estaba muy lejos de la realidad. La economía norteamericana se fue corroyendo, al igual que la sociedad y los recursos que sustentaban tan absurda proyección. Solo mentes obcecadas y aberradas no veían lo que pasaba.

Ahora, es evidente que se han percatado de la debacle que se les viene encima y están tratando de cambiar las reglas del juego para poder imponer sus privilegios y de algún modo tratar de salvar su nivel de vida a costa de las mayorías. El problema es que el “estado de bienestar” no es posible mantenerlo ni siquiera para los países desarrollados, por lo que se hace necesario imponer nuevas reglas que permitan a los muy ricos seguir siéndolo.

Claro que para esto hay que primero “convencer” a las mayorías en los países industrializados de que hay que apretarse el cinturón y después imponer a los países subdesarrollados su sistema de dominación absoluta.