27 diciembre 2011

Otro genocidio en ciernes, el de Siria

Una vez más, las ONG y las organizaciones de la ONU «defensoras de los derechos humanos» están pavimentando el camino hacia la guerra con sus falacias

por Iñaki Urrestarazu

Es siempre un mismo relato, machaconamente repetido, un día sí y otro también, el que los medios nos están repitiendo sobre Siria. El Gobierno de Bachar el-Assad es una dictadura asesina que dispara contra las manifestaciones de la gente sin piedad -dicen que hay ya 5.000 muertos- y tortura hasta la muerte. Las deserciones de militares que no quieren obedecer las órdenes de matar aumentan, así que se está llegando a una confrontación armada.

Pero la realidad es muy distinta. Se trata de un relato, una tremenda mentira, fabricada como un cuento de los «cuentacuentos», por la gigantesca máquina de propaganda de la OTAN, quien encarga de la elaboración de las primeras falsedades a una nube de ONG controladas, defensoras supuestamente de los derechos humanos. Luego esas informaciones adquieren una dimensión planetaria mediante la estrecha colaboración de grandes agencias al servicio del imperialismo como la CNN, BBC, AFP, Al Jazeera, Associated Press y otras. Finalmente, las informaciones prefabricadas se difunden y son asumidas por la mayor parte de la prensa y medios occidentales pasiva y acríticamente, sin molestarse en verificarlas o sin acudir a medios informativos alternativos.

La función del relato que nos venden sobre Siria es preparar a la opinión internacional, predisponerla a lo que están organizando, a una intervención militar en toda regla, al estilo de Libia. Y la cuestión no es de ahora. Hace años que la alianza militar criminal de EEUU, la OTAN e Israel le tiene ganas a Siria. Y en este caso no es por sus recursos -de los que apenas dispone- sino por razones geoestratégicas. Porque Siria ha sido siempre un enemigo empedernido de Israel, porque ha sido refugio de generaciones de exiliados de Palestina desde los orígenes de Israel y de 1,5 millones de refugiados iraquíes fugados tras la invasión norteamericana de Irak en 2003, e igualmente porque ha sido cobertura de las fuerzas revolucionarias del Líbano -como Hezbollah-, de las de Palestina -como Hamás- y porque, junto con estas fuerzas e Irán, son un importante bastión antiisraelí y anti-norteamericano, y un importante núcleo aliado de Rusia y China. Un auténtico obstáculo a liquidar en la estrategia imperialista de control de los recursos, de dominio de los territorios y de aislamiento y asfixia de sus grandes competidores.