27 diciembre 2011

La excepción suramericana

por Enrique Lacolla ( Fragmernto de la nota "El mundo en 2011")

Uno de los pocos lugares en el mundo que parece estar zafando de la crisis y de la ventolera bélica que suele irle aparejada, es América latina. Por cuánto tiempo no se sabe, pero por ahora el redescubrimiento de una identidad fundamental que proviene de nuestra historia común y de la evidente necesidad de blindar nuestros recursos contra los apetitos cada vez más grandes de los centros del poder global, parecen estar induciendo a nuestros gobernantes a una maduración acelerada. La cuestión reside en saber hasta qué punto esta maduración puede extenderse a la generalidad del cuerpo político, habituado a vivir en una situación de dependencia psicológica y de contubernio económico con las grandes potencias. La difusión de una conciencia que obligue a asumir y mantener políticas de estado que obliguen a la preservación de nuestros recursos naturales y a su explotación de acuerdo a nuestras conveniencias, será un dato fundamental para la configuración del futuro de América latina.

La creación de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y la presencia de la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) suponen u hecho importante, tanto como fundamento de la progresiva unidad de estos pueblos como muro defensivo contra las iniciativas diplomáticas y eventualmente militares que podrían surgir en el futuro, en torno de las inapreciables reservas naturales que atesora el subcontinente.

En este escenario ha irrumpido por estos días la cuestión Malvinas con una rispidez que denuncia los intereses que se mueven en torno de este tema. Inglaterra ha endurecido su discurso ante los reclamos argentinos en el sentido de sentarse a conversar sobre la soberanía sobre las islas, proclamando por boca de su primer ministro David Cameron que las islas son británicas hasta que sus pobladores decidan de otro modo. El puñado de kelpers que las habitan por supuesto que no va a pronunciarse en otro sentido que en el señalado por Cameron, en especial debido a los recursos petrolíferos que están comenzando a sondearse en su cuenca marítima y más allá de esta. En la reunión del Mercosur en Montevideo los países de la región decidieron plegarse a la valiente decisión del Presidente uruguayo, Pepe Mujica, en el sentido de no permitir la entrada a sus puertos de cualquier nave que portase la bandera de conveniencia de las “Falklands”, que los lugareños –o para ser más precisos los intereses comerciales y empresarios que allí se mueven- han habilitado para refrendar su pertenencia a la Comunidad Británica y para evidenciar la inexistencia de cualquier vínculo con Argentina.

El gesto producido por el Mercosur es una orientación respecto del camino que se debe andar para integrar en algún momento al archipiélago malvinense en la comunidad latinoamericana. Incluso Chile –que de momento es un país asociado pero no un socio pleno- se plegó a la decisión de vedar sus puertos a esos navíos. Dados los antecedentes históricos del contencioso malvinense el dato tiene su importancia.

Ahora bien, si el asunto Malvinas no es, o no debe ser, un problema exclusivamente argentino sino afectar a la región en su conjunto, hay que tomar en cuenta que nuestro país es el primer afectado por el contencioso y el que con más seriedad debe tomárselo. El gesto del Mercosur irritó aun más a Londres y supuso una escalada de trascendidos e informes periodísticos que hablan de un reforzamiento de la ya sustancial guarnición británica en el archipiélago e incluso del envío de un submarino nuclear a la zona. Probablemente este sea un ruido de vainas más que de sables, pero no es cuestión de descartarlo con ligereza. En este sentido conviene recordar que Argentina, en gran medida por una política de gradual desguace de sus Fuerzas Armadas se encuentra virtualmente indefensa. Y por mucho que la Presidente declame las razones que validan nuestra soberanía sobre las islas, si el país no es capaz de existir como fuerza militar atendible jamás podrá sustentar sus reclamos diplomáticos de manera convincente. La defensa hemisférica debe ser una de las responsabilidades de la UNASUR, pero es ilusorio suponer que nuestra parte en ella pueda ser delegada en Brasil y los otros países asociados.

2011 ha sido un año complicado, debido a que la crisis siempre presente en el universo de las relaciones capitalistas, se ha agudizado al tocar ya a las naciones rectoras de la política global. Las líneas maestras del gran diseño geopolítico norteamericano para lograr la hegemonía mundial en este siglo se enfrentan entonces a un desafío: hay que acelerar su concreción antes de que la conmoción económica trastorne los presupuestos militares y psicológicos que son necesarios para ejercerla. Frente a esta pretensión se levantan obstáculos formidables, que proceden del crecimiento exponencial de la economía china y del renacimiento de Rusia. Si bien estas potencias no están calificadas ya por el mesianismo ideológico comunista, que las hacía doblemente peligrosas en la medida en que este podía alcanzar a la conciencia de las masas y rebelarlas contra el sistema capitalista-imperialista, su presencia y mero peso objetivo las erigen en rivales que bloquean la pretensión hegemónica. Los tiempos por venir verán un agudizarse de las tensiones en torno de estos problemas.

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