27 diciembre 2011

Colombia: La guerra como identidad y la muerte alrededor

Colombia ha vivido en guerra desde antes de ser tal. Una realidad que no pasa en vano y se ha insertado de lleno en los imaginarios y en las estructuras mentales de los habitantes. Gran Colombia, Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia o República de Colombia, de presidentes a peones, la guerra está presente en el lenguaje, el deseo, la memoria, el miedo, la obsesión. Unos u otros generados o granjeados según la orilla que toque: los poderosos, en la mixtura y manipulación de los elementos; los humillados y ofendidos, en el padecimiento del brebaje.

por Juan Alberto Sánchez Marín / Rebelión

El presidente Juan Manuel Santos, encarnación cachaca del eufemismo, habla de la paz como de algo querible y posible (1). Todos sus antecesores lo han hecho. Desde antes de la Patria Boba*, hasta ahora, durante la prosperidad más inundada y absurda que padecemos, apenas por breves lapsos se ha hecho otra cosa. Colombia es un país lleno de guerreros que se creen pacíficos y de malosos que lo son por la gracia de Dios. Nadie se acepta, negamos lo que sabemos que somos.

En el jardín cruzado por tres cordilleras y bañado por dos océanos, el odio crece fértil. Retoña siempre la venganza. Y no dejan de renovarse a diario las razones para mantener el ciclo de muerte.

Un difícil panorama, que se sobrelleva mejor a punta de mentiras, condonaciones, contriciones, trueques celestiales. Justificaciones y absoluciones para seguir la matanza sin que duela la cabeza ni tiemblen las manos. El sino fatal que nos confiere la tranquilidad del deber cumplido.

Cuando cualquiera habla en serio se sabe que es un taimado traidor. Se puede ser prosopopéyico, redundante, arrevesado, mas no decente y nunca sincero. El que ríe pronto yacerá tieso: el contento es burletero, causa envidia. Es un cuento el mamagallismo y una certeza la ambigüedad. Caletre de pistoleros amargados.

Los generales quieren y requieren la guerra para hacer carrera y sentirse útiles. El fuero militar les condona cualquier irresponsabilidad; el estado camufla así sus asesinos a sueldo en la institucionalidad, las ejecuciones extrajudiciales se vuelven embustes de opositores.