15 septiembre 2010

Discurso completo de Cristina en el Luna Park, 14 setiembre de 2010 | texto y video |


Compañeros y compañeras: quisiera poder contarles de la mejor manera, lo que siento en este momento.
Verlos a ustedes me hace recordar parte de la historia de mi propia vida y también la de nuestro país. Déjenme decirles que siento una sana envidia por todos ustedes. Pero no por lo que seguramente alguno mañana va a decir “claro, querría tener 20 años, por eso se hace la nena”.  No, qué va.  ¿Saben por qué les tengo envidia? Porque cuando yo fui joven como ustedes, cuando junto a miles y millones de argentinos apostábamos a un país diferente, no tuvimos la suerte que tienen ustedes hoy de vivir en un país con todas las libertades.

Si nosotros, en lugar de haber sido una juventud que crecía en medio de golpes de Estado, sin libertades, sin elecciones, hubiéramos podido tener esta Argentina que estamos construyendo entre todos, donde por primera vez estamos construyendo ciudadanía social con los derechos económicos de los trabajadores, de los jubilados, de la educación pública, pero al mismo tiempo lo estamos haciendo en un marco de libertad y democracia; si nosotros hubiéramos podido sentarnos junto a los jóvenes de la Juventud Sindical, como ustedes se sientan ahora, ¡qué país diferente hubiéramos tenido!

Frente a ustedes, a la que denomino “Juventud Peronista del Bicentenario”, déjenme decirles que cuando uno mira estos últimos 40 años -y no vine a hablar acá, les digo, como Presidenta de la República, olvídense, acá soy una más, olvídense, el que está mirando por televisión y quiere escuchar a la Presidenta, que apague el televisor, solamente va a escuchar a una militante peronista, es lo que siempre voy a ser, desde que nací hasta que me muera-, surge inevitable, chicos -porque estamos hablando aquí y vengo a hablar también como testigo de época-, comparar cuando uno le habla a la juventud de hoy de la Argentina de hoy, de esta Argentina de hoy, surge inevitable repasar y repensar qué es lo que hicimos en estos años.

Yo formé parte de la juventud maravillosa, de esa juventud que no tuvo la oportunidad que hoy tenemos aquí, de esa juventud que fue masacrada durante la dictadura más terrible de la que se tenga memoria, y si se me permite, la dictadura que vino a terminar, realmente, con el modelo industrial y de generación de trabajo. Porque tal vez en aquel momento histórico no se entendió, pero nosotros -y cuando hablo de nosotros aquí, hablo de los argentinos- en marzo de 1976 habíamos alcanzado eso que dijo el Cuervo Juan -no me acuerdo cuál de los dos, el 50 y 50- éramos prácticamente el 50 y el 50 la participación del Producto Bruto entre trabajadores y empresarios y nadie puede creer, obviamente, que ese grado de participación se había hecho en apenas los tres años de gobierno que hubo del ‘73 al ‘76. Es que, pese a las dictaduras y a los gobiernos de facto, el modelo industrial, el modelo de generación de valor agregado, no lo habían podido destruir.

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