27 abril 2010

Hay que ser muy poco patriota, muy poco cubana y muy poco cristiana, para justificar por acción u omisión el bloqueo contra su propio país.


Las contradicciones de Hilda Molina, la abuelita de Heidi, con libro nuevo contra Cuba

Dijo que venía al país solo a cuidar a su madre y nietos

La médica cubana Hilda Molina presentaba en la Feria del Libro su libro “Mi verdad”. En reportajes previos dejó en claro el sentido político del volumen, que supone otra contradicción suya. Y van…

Por Emilio Marín

La doctora Molina es una contradicción andante, con un doble discurso superior al normal. Cuenta que la revolución dirigida por Fidel Castro triunfó cuando ella tenía 15 años y abrazó esa causa. Lo hizo durante 35 años, hasta que en 1994 se cambió de bando, militando en la contrarrevolución (ella se autodefine como “disidente”) durante los siguientes 15 años, que en 2010 ya son dieciséis.

Y eso marca la gravedad de su situación. Todo el mundo tiene contradicciones, pero lo importante es ir superándolas para mejor. Lo de ella es involución: de destacada neurocirujana y directora del Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), a mediocre operadora de las campañas que Estados Unidos y lo peor de Europa conducen contra Cuba.

El viernes 23 de abril esta mujer presentaba en la Feria del Libro de Buenos Aires “Mi verdad”, editado por Planeta, que en librerías se vende al nada módico precio de 72 pesos. No saben los argentinos cuántos libros, y de los buenos, se pueden comprar en la isla por esa plata. Es que la revolución cubana se distingue entre otras cosas por la educación universal y de calidad, por la elevación cultural de sus once millones de habitantes. Su Feria del Libro se hace en La Habana y luego recorre numerosas ciudades del inmenso lagarto verde.

¿Por qué la publicación del libro supone una contradicción más de la ex galena?

Porque cuando reclamaba que la dejaran venir a Argentina, decía que no haría actividad política. Que lo suyo era una cuestión humanitaria, de cuidar a su madre, llegada a Buenos Aires en mayo de 2008, y a sus dos nietos (hijos del desertor cubano Roberto Quiñones y la argentina Verónica Scarpatti, acompañante de un hermano que se atendió la salud en Cuba).

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