08 septiembre 2010

Opinion: Preguntas en torno al discurso de Horacio González

Es hora de poner fin al individualismo pequeño burgués que ha caracterizado nuestra actividad para admitir la posibilidad de la construcción colectiva del conocimiento, lo cual supone un ejercicio de crítica y reflexión con el otro.

Por Alberto J. Franzoia |
Mi frecuente curiosidad me llevó desde muy pequeño a preguntar por cosas que otros niños de mi edad no preguntaban. A medida que fui creciendo esa característica personal me llevó por el campo de la investigación. Pero como lo que en realidad me interesaba investigar (desde la adolescencia en adelante) apuntaba a la sociedad en la que me ha tocado vivir, elegí la sociología para seguir preguntando. Desde entonces comprendí que mis preguntas profesionales debían tener una dirección prefijada con la mayor precisión posible. Allí radica uno de los problemas mayores del investigador. Si uno no sabe qué, cómo y a quién preguntar, lo más posible es que uno termine yéndose por las ramas, como vulgarmente se dice. En ese caso no hay investigación de valía, sólo hay guitarreo. El método o camino a recorrer para construir conocimiento (y eso incluye su verificación) es por lo tanto muy importante. El otro problema, no menos importante, se relaciona con expresar con la mayor claridad posible el producto gestado a partir del método aplicado. El sociólogo alemán Max Weber decía que un objetivo central del conocimiento científico debe ser la claridad. ¡Y éste sí que sabía!

Lo dicho viene a cuenta no sólo de lo que pretendo (aunque no siempre consigo) para mi labor cotidiana, sino de aquello que deseo encontrar en colegas y, sobre todo, en intelectuales del campo nacional y popular en el que habito desde hace años. Sin embargo, cada vez que he leído al compañero Horacio González no puedo evitar preguntarme para qué escribe y para quién escribe. Lo primero que suelo comprobar en cuanto ámbito cultural y político transito, es que muy pocos mortales (salvo especialistas en el tema, y no todos) entienden buena parte de su discurso. La claridad reclamada por Weber no es su fuerte.

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