03 abril 2012

Peronismo y Fuerzas Armadas

De Horacio Maceyra, escritor, historiador y analista del peronismo, autor del libro La segunda presidencia de Perón, editorial Centro Editor de América Latina, 167 páginas, año 1984, Buenos Aires:

Varias son las explicaciones posibles sobre el sustento inicial que el peronismo encontró en las Fuerzas Armadas. En efecto, no cabe duda que en las elecciones de 1946, el candidato del Ejército era Perón.

Cuando las Fuerzas Armadas accedieron al poder en 1943, resultó facilmente advertible que " las principales características de la revolución era la confusión y la incertidumbre ". El golpe del 4 de junio de 1943 había entremezclado a liberales y nacionalistas de todo pelaje y color. Sin embargo, si hubo un elemento unificador, fue la conciencia vaga pero inquietante del agotamiento del sistema fraudulento que los mismos militares habían contribuído a instaurar una década atrás. De algún modo, el Ejército reaccionaba contra el oprobio de la década infame, que no había pasado sin salpicarlo.

Sin embargo, la falta de coherencia programática del movimiento había acelerado su desgaste. Sin bases populares, y hostigados por los partidos tradicionales - que los tildaban indiscriminadamente de nazis - los militares fueron experimentando una especie de reflejo defensivo que los separó paulatinamente de la sociedad civil.

El obrerismo de Perón no resultó grato a muchos oficiales, pero la evidencia de su popularidad tras el 17 de octubre, persuadió a la mayoría de que era la única garantía de preservación de los objetivos mínimos de la revolución de 1943. Tales objetivos eran, por cierto, difusos: oponerse al regreso del fraude que ellos corporizaban en la " partidocracia " tradicional, recuperar el prestigio y la unidad de las Fuerzas Armadas.

La elección estaba muy clara: o bien contribuir a que los políticos y la burguesía antimilitarista derrotara al Ejército, o bien aceptar a Perón a disgusto y recibir el apoyo del pueblo y de los sindicatos sin desvirtuar el espíritu de la revolución de junio. Y los militares eligieron la segunda alternativa, adhiriendo al gobierno electo legítimamente.

Hubo también otro elemento de decisiva importancia: la política de fomento industrial y en particular de apoyo a la siderurgia - en 1947 se sancionó la Ley Savio, que dio nacimiento a SOMISA ( Sociedad Mixta Siderurgia Argentina ) - comprometió a muchos oficiales que entendían la ligazón estrecha entre la industria y el potencial bélico, entre la independencia económica y la capacidad de defensa de una nación.

Por lo demás, los primeros años de gobierno peronista, habían permitido al Ejército modernizarse y renovar su equipamiento, objetivo largo tiempo postergado durante los años de la guerra.

Sin embargo, las Fuerzas Armadas no eran una institución monolítica y - en buena medida - reflejarían en su seno las contradicciones que dividían la sociedad civil. La adhesión al peronismo nunca había sido total, y la oposición - que al principio permaneció larvada - no tardaría en manifestarse.

Si bien los mandos estaban ocupados por oficiales adictos, en otros niveles - y particularmente en la Marina - crecían los disconformismos ante un régimen que - a los ojos de muchos hombres de uniforme - amenzaba subvertir las jerarquías.

Los intentos del peronismo por consolidar su arraigo en las Fuerzas Armadas mediante la " democratización " de las mismas, no hicieron sino fortalecer esa impresión: se otorgó el derecho de sufragar a los suboficiales - antes excluidos del voto por la Ley Sáenz Peña -, se posibilitó su ascenso a los grados de oficiales, y se dispusieron becas en los liceos naval y militar. Todo eso inquietaba a los cuadros superiores.

Alan Rouquié - autor poco favorable al peronismo -, pinta con acierto la impresión que el obrerismo del régimen causaba a muchos militares: " El espectáculo que brindaban las masas de descamisados vociferando en Plaza de Mayo al ritmo de las brutales arengas del " Primer Trabajador ", espantaba a las clases medias y a los hombres de orden. Los oficiales estaban particularmente impresionados por la nueva definición social del régimen. Solidarios de las capas medias por su nivel de vida, vínculos familiares y sus relaciones, consideraban con creciente inquietud la evolución de la sociedad argentina que parecía favorecer al sistema justicialista.