19 agosto 2011

Un ortiba barato con infulas de lider, se esmera por ser el Lopez Rega del siglo XXI

De: “El Otro, una biografía política de Eduardo Duhalde” Hernán López Echagüe – Editorial Planeta, Espejo de la Argentina – Buenos Aires – 1996 – Páginas 69, 70.

Los primeros pasos de un pequeño gran sirviente

"...Pero entre Duhalde y Calabró había algo más que afinidad política Y un común apasionamiento por el poder.
A mediados de noviembre de 1975, mientras el gobierno de Isabel Perón trastabillaba y los militares andaban al acecho, ocurrió un episodio que había de cobrar valor en la vida de Duhalde con posterioridad al golpe de marzo de 1976.
Una noche, presa de los nervios, el gremialista IlIescas irrumpió en la casa del intendente y le refirió que un conocido suyo, Jesús Ramés Ranier, apodado El Oso, le había hecho saber que el ERP se encontraba a poco de realizar una colosal operación contra un objetivo militar situado en la zona sur del conurbano. Ranier, un metalúrgico sin empleo, había ingresado a la organización guerrillera un año atrás, pero con el correr del tiempo se había convertido en un simpático soplón.
Duhalde demoró largos minutos en comprender la trascendencia de lo que había oído; andaba apesadumbrado; su cabeza estaba en otra parte: semanas antes, su principal adversario político en Lomas, Manolo Torres, había sido designado secretario nacional del Partido Justicialista, y, por una obvia razón de urbanismo, Duhalde se había visto obligado a aplaudirlo y abrazarlo durante el homenaje que le habían hecho en su Propio territorio, en el local de la calle Italia al seiscientos, en Lomas.
A la mañana siguiente de la charla con Illescas, no obstante, Duhalde se presentó en el despacho de Calabró y, atribuyéndose por completo el mérito de la información, le narró la nueva. Los ojos del gobernador se pusieron a centellear del contento. Nadie ignoraba que el golpe militar era una cuestión de tiempo. Tal vez enero, quizá febrero. Un desenlace inexorable que para Calabró no era más que una contingencia, pues ya se había habituado a gozar el poder y tenía previsto continuar en la gobernación como delegado del futuro gobierno de facto. La posibilidad de ofrecer una información de esa magnitud al Ejército, por tanto, lo llenó de satisfacción.
Duhalde no era ingenuo. También sabía que se avecinaban tiempos difíciles. Por eso, antes de marcharse, le exigió al gobernador que, al transmitir la información a los hombres de la Jefatura II de Inteligencia, no olvidara mencionar su nombre. Calabró así lo hizo.
El asalto al Batallón de Arsenales 601 "Domingo Viejo Bueno", en Monte Chingolo, en el mediodía del 23 de diciembre de 1975, condujo al ERP hacia el abismo. "Será la acción revolucionaria más grande de la historia de Latinoamérica", había dicho Roberto Mario Santucho. El Ejército les tendió una ratonera perfecta. La represión fue feroz y desmesurada: entre miembros del ERP y habitantes de las villas aledañas al cuartel (que ninguna relación habían tenido con el frustrado copamiento) los militares mataron a cientos de personas. En realidad, nunca pudo saberse con precisión cuántos fueron asesinados, porque la mayor parte de los cuerpos fue a parar a fosas comunes.
El oportuno gesto le valió a Duhalde el tácito reconocimiento de los militares, en particular el del futuro cabecilla del golpe, general Jorge Rafael Videla."

Hoy muchos años después, pierde su capital electoral en su baluarte de Lomas de Zamora por una diferencia abismal y gana en la Antártida, que como todo el mundo sabe tiene una población permanente conformada exclusivamente por personal militar.

Mas claro echale agua.