01 abril 2010

Raúl Alfonsín, en el recuerdo de Osvaldo Bayer

"Quienes durante ocho años luchamos en el exilio por la democracia en nuestro país, el 6 de julio último (1985) sentimos tristeza. Más, diría, una especie de náusea. Y escribo este término porque ése fue el sentimiento verdadero al escuchar el reportaje que la televisión alemana le hizo al presidente de los argentinos, doctor Raúl Alfonsín"
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(del libro “En camino al paraíso”)

Una noche triste para nuestra democracia

Quienes durante ocho años luchamos en el exilio por la democracia en nuestro país, el 6 de julio último (1985) sentimos tristeza. Más, diría, una especie de náusea. Y escribo este término porque ése fue el sentimiento verdadero al escuchar el reportaje que la televisión alemana le hizo al presidente de los argentinos, doctor Raúl Alfonsín.

Fue un reportaje exclusivo para que lo vieran y escucharan los alemanes. El doctor Alfonsín atacó a las Madres de Plaza de Mayo. Dijo que perseguían un fin político. Las palabras textuales fueron: "Nosotros tenemos serias discrepancias con las actitudes de las Madres que en este caso están en una actitud política". Y agregó esta terrible frase: "Creo que es altamente negativo para la democracia pensar en la defensa de quienes ocasionaron todo este trágico derramamiento de sangre en el país, con una concepción elitista yendo al terrorismo subversivo".

Saquemos la cáscara de la retórica radical; sin lugar a dudas, quiso decir: "las Madres están contra la democracia" y "son madres de terroristas". Las mismas palabras que solía pronunciar su amigo y condiscípulo del Liceo Militar el general Albano Harguindeguy, el máximo verdugo del régimen, que casualmente sigue libre paseándose por las soleadas calles de Buenos Aires. Claro, éste lo decía todo en forma más directa, más cuartelera, más brutal. Aquél emplea fórmulas envaselinadas pero cargadas de veneno dosificado, por la experiencia astuta de quien ha debido abrirse paso entre “internas” y largas noches comiteriles.

Hubo un fin subalterno en ese ataque inopinado a las Madres. No lo hizo porque sí. El presidente es hombre avisado en estas lides. Nada en él es gratuito. Lo lanzó para Alemania porque bien sabe que, en el exterior, las Madres son reconocidas por amplias capas de la población, por las Iglesias, por los organismos de derechos humanos, por intelectuales y artistas, por sindicatos obreros, por sectores universitarios progresistas.
El ataque tuvo algo de puñalada trapera. Iba dirigido a esa enorme audiencia que había apoyado y apoya a las Madres. Me di cuenta de a qué apuntaba Alfonsín. A quitarles parte de su hábitat, lo que más le duele a él, la repercusión internacional que ellas tienen. Lo que no pudo la dictadura de los generales con sus embajadores y sus millones de dólares en propaganda exterior lo intentó Alfonsín en la noche del 6 de julio.

Por eso, en la mesa redonda televisiva que hubo inmediatamente después del reportaje -a la que estuve invitado- pedí de inmediato la palabra. No podía dejar suspendida en el ambiente la infamia. Dije que como argentino lamentaba que Alfonsín no hubiera aprovechado esa inmejorable oportunidad de contacto con el público alemán para hablar de lo que fue nuestro holocausto, de lo que significó ese método de crueldad extrema (la desaparición de personas, aplicada por los militares), que no aprovechó para agradecer a todos aquellos -los pocos- argentinos y extranjeros que lucharon por la democracia en los años más oscuros de nuestra historia; que no diera las gracias a las Madres por su epopeya; que no hiciera la autocrítica de su partido, el radicalismo, que dio más de trescientos intendentes en Córdoba, funcionarios y embajadores a la feroz dictadura; que no haya hablado de la lucha de Latinoamérica por la dignidad de sus pueblos. No, nada de eso. Atacó a las Madres de Plaza de Mayo. Al doctor Alfonsín le había faltado grandeza.


Osvaldo Bayer
Berlín, 7 de agosto de 1985