09 enero 2012

Los servicios de seguridad privada y los «‘israelitas’ de Latinoamérica»

Global Comprehensive Security Transformation (Global CST), una consultora de seguridad israelí apoya el trabajo sucio en Colombia que antes monopolizaba EE.UU.

por Belén Fernández / Al-Jazeera

Ha habido mucha alharaca en los últimos años en círculos neoconservadores en EE.UU. y entre funcionarios del Ministerio de Exteriores israelí sobre el peligro para la seguridad global planteado por una supuesta infiltración islamista en América Latina.

Una falacia utilizada por los autoproclamados expertos en el asunto es que ahora es posible viajar en avión desde Caracas a Teherán con una sola parada en Damasco. Para que los responsables políticos y el público en general no dejen de reaccionar con suficiente alarma ante semejantes noticias, la severidad de la amenaza se subraya mediante lazos inventados entre musulmanes de América Latina y toda tendencia regional potencialmente desfavorable, lo que resulta en un fantasma de cárteles criminales islamo-narco-socialistas que amenazan la frontera sur de EE.UU.

En un cable de WikiLeaks de la embajada de EE.UU. en Bogotá con fecha del 1 de diciembre de 2008, una entidad bastante inesperada se sumó a la formación usual de amenazas basadas en Latinoamérica. El cable discute las maniobras en Colombia de la firma israelí Global Comprehensive Security Transformation (Global CST), fundada por el general (de la reserva) Israel Ziv –ex jefe del Directorado de Operaciones de las fuerzas armadas israelíes– contratado para ayudar en la lucha contra organizaciones criminales y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), así como para evaluar potenciales peligros procvedentes de Ecuador y Venezuela.

“Durante un período de tres años, Ziv se ganó la confianza del ex ministro de Defensa [colombiano] [Juan Manuel] Santos prometiendo una versión más barata de la ayuda del USG [gobierno de EE.UU.], sin las condiciones que imponemos. Nosotros y el GOC [gobierno de Colombia] averiguamos que Global CST no tiene experiencia latinoamericana y que sus propuestas parecen tener más bien el propósito de apoyar las ventas de equipamiento y servicios israelíes que de satisfacer las necesidades del país”.

No está claro por qué el gobierno de EE.UU. debe expresar sorpresa ante el hecho aparente de que no se encaren las “necesidades del país” cuando su propia experiencia latinoamericana incluye el multimillonario Plan Colombia, inaugurado hace más de una década, ostensiblemente como medio para reducir la producción y el tráfico de droga. En 2009, hablé con agricultores del departamento meridional de Putumayo, quienes describieron los efectos del plan dentro del país, como la repetida fumigación aérea de sus cultivos de subsistencia, ganado, suministros de agua y sus hijos.

Una parte sustancial de los fondos del Plan Colombia se destinó a los contratistas privados de seguridad basados en EE.UU. Según se informa, actualmente un 97% de la cocaína que llega a EE.UU. proviene de dicho país.

En cuanto a las condiciones teóricamente impuestas a la ayuda oficial de EE.UU., Amnistía Internacional ha objetado el hecho de que “el Departamento de Estado siga certificando la ayuda militar a Colombia, incluso después de estudiar el historial de derechos humanos del país”, que casualmente tiene el honor de ser el peor del hemisferio.