“Si Estados Unidos es hostil, ellos (Corea del Norte, Irán) se vuelven hostiles”:
Noam Chomsky (1929- ).
Desde que en 2005 Condoleezza Rice, entonces candidata a secretaria de Estado de Estados Unidos, diera a conocer la “lista negra” de países —elaborada por los servicios de inteligencia desde 1981— que conforman el “eje del mal” por su “avanzada terrorista” y que por lo tanto “representan” una amenaza para su seguridad nacional, incluyeron como “estados enemigos” y pusieron bajo la lupa a Irán y Corea del Norte, a Bielorrusia, Myanmar (antigua Birmania), Zimbabwe y Cuba. Luego, los atentados del 11/S modificaron el escenario “antiterrorista” mundial, y el presidente George Bush enroló también a Irak y Afganistán, para justificar la guerra en contra de ambos países.
Mucho se ha dicho que Obama representa un proyecto diferente al de su antecesor por su calidad de demócrata. Pero eso es falso. Obama no ha reculado en los temas de la guerra en Medio Oriente (territorios de petróleo y gas en abundancia), y no revisará a la baja su catálogo de “enemigos” del imperio, en cualquier parte del mundo. Por una simple y sencilla razón: la política o los principios de la “seguridad nacional” no se modifican, sino todo lo contrario: evoluciona con cada presidente acorde con las nuevas exigencias. Es la propia dinámica de la supremacía imperial; son los propios intereses millonarios de quienes dominan y mandan realmente en los EU. Presiones ineludibles para cualquiera que se encumbra en la cúspide del poder político del mayor imperio del mundo.
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Por lo mismo, por mucho que en el ámbito de la geopolítica se declaren algunos cambios con respecto a las relaciones con otros países, no dejan de ser aparentes o “estratégicos” y coyunturales. Nada se mueve en la geopolítica y la geoeconomía que no sea para beneficio de los grandes consorcios trasnacionales estadounidenses, sean empresariales o financieros. Y la geoestretagia se utiliza para alcanzar todos los fines propuestos, así tenga que hacer uso de la fuerza, que para eso está la herramienta militar-industrial que representa el Pentágono, como el más grande, moderno y mejor armado ejército de la tierra.
Recientemente el presidente Obama presentó (a finales de mayo) su Estrategia de Seguridad Nacional. Ahí se establecen los pasos a seguir en la materia tanto al interior como, sobre todo, en el ámbito internacional. Se presume que la política Obama se “distanció”, porque representa la “ruptura con el enfoque militar (simplemente) unilateral” del “plan Bush”. No obstante apoya la invasión a Irak liderada por EU en el 2003, y ahora también la continuidad militar en Afganistán, tras el relevo de McCrystal del comando de las fuerzas armadas en ese país. Aún y cuando prometía una pronta retirada.
Ahí está, en la neoestrategia, el propósito interno de prevenir actos terroristas realizados por individuos en el propio país. El plan abunda: “Varios incidentes recientes perpetrados por extremistas violentos en Estados Unidos que están comprometidos con luchar aquí y en el exterior han subrayado la amenaza que representan para Estados Unidos y para nuestros intereses individuales radicalizados que se encuentran aquí, en casa”. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, habló de “movilizar cualquier elemento de poder, no sólo la capacidad militar”, el pasado 27 de mayo frente a un grupo de expertos de política exterior del Instituto Brookings. Y amplió, como sigue: “Debemos equilibrar e integrar todos los elementos de nuestro poder, empezando por nuestras llamadas Tres-D —defensa, diplomacia y desarrollo—, pero también incluir nuestro poder económico y el poder de nuestro ejemplo” (¡sic!).
La doctrina Obama es, entonces, más ofensiva. La política Bush, pero enriquecida. Porque sigue la lucha antiterrorista al interior tanto como hacia el exterior. ¿Qué cambia? El planteamiento, porque la ofensiva resulta peor. Veamos por qué. Obama pretende fortalecer las “instituciones internacionales”, así como trabajar más estrechamente con los aliados y con otros países para “enfrentar los desafíos comunes”. Eso puede incluir la determinación de involucrarse con “países hostiles”. Razón por la cual advierte a Irán y Corea del Norte, países nuclearmente desafiantes, que tenía “múltiples formas” de aislarlos si “ignoran las normas internacionales”.
Claro está que, tanto Irán como Corea del Norte siguen en la lista del “eje del mal”, y la ofensiva imperialista (Bush-Obama) en su contra también. Por eso el secretario de Defensa, Robert Gates, dijo el 6 de abril pasado durante la presentación de la nueva estrategia nuclear estadounidense, que si ambos países “no van a cumplir con las reglas del TNP (Tratado de No Proliferación de armas nucleares) y van a convertirse en “proliferadores nucleares”, entonces todas las opciones están sobre la mesa”.