28 junio 2010

El premio Nobel de la Paz, quiere su propia guerra.

“Si Estados Unidos es hostil, ellos (Corea del Norte, Irán) se vuelven hostiles”:
Noam Chomsky (1929- ).

Desde que en 2005 Condoleezza Rice, entonces candidata a secretaria de Estado de Estados Unidos, diera a conocer la “lista negra” de países —elaborada por los servicios de inteligencia desde 1981— que conforman el “eje del mal” por su “avanzada terrorista” y que por lo tanto “representan” una amenaza para su seguridad nacional, incluyeron como “estados enemigos” y pusieron bajo la lupa a Irán y Corea del Norte, a Bielorrusia, Myanmar (antigua Birmania), Zimbabwe y Cuba. Luego, los atentados del 11/S modificaron el escenario “antiterrorista” mundial, y el presidente George Bush enroló también a Irak y Afganistán, para justificar la guerra en contra de ambos países.


Mucho se ha dicho que Obama representa un proyecto diferente al de su antecesor por su calidad de demócrata. Pero eso es falso. Obama no ha reculado en los temas de la guerra en Medio Oriente (territorios de petróleo y gas en abundancia), y no revisará a la baja su catálogo de “enemigos” del imperio, en cualquier parte del mundo. Por una simple y sencilla razón: la política o los principios de la “seguridad nacional” no se modifican, sino todo lo contrario: evoluciona con cada presidente acorde con las nuevas exigencias. Es la propia dinámica de la supremacía imperial; son los propios intereses millonarios de quienes dominan y mandan realmente en los EU. Presiones ineludibles para cualquiera que se encumbra en la cúspide del poder político del mayor imperio del mundo.

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